Los dos escudos del Marqués de Matallana

 

D. RODRIGO TORRES

1º Marqués de Matallana

 

Este texto procede de anotaciones tomadas del libro “DON RODRIGO DE TORRES Primer Marqués de Matallana”, escrito por D. Antonio del Solar y Tabeada, C. de la Real Academia de la Historia. Editado por EDICIONES ARQUEROS – Badajoz -1930

 

 

DON Rodrigo de Torres y Morales, fue el primer marqués de Matallana, Teniente general de la Real Armada, Ministro del Consejo Supremo de Indias, Caballero de justicia de la Soberana Orden de San Juan de Malta, Marchamo de la Real Aduana de Cádiz, etc.

Nació el día 7 de abril de 1687, en el seno de una noble y muy bien acomodada familia, en Guadalajara, Arzobispado de Toledo, según consta en su testamento otorgado en Madrid el 24 de diciembre de 1753, ante el escribano don Antonio Carrasco, y así aparece con la fecha en que se consignan los expedientes para el ingreso en la orden de Calatrava de sus hijos don Rodrigo y don Miguel de Torres y de Ruiz de Rivera.

Fueron sus padres don Rodrigo de Torres y Messía, señor de los términos de Albatajar, Mejorada la Vieja y Camolijo, Caballero de la Orden Militar de Calatrava y Alcalde de la Santa Hermandad de Guadalajara, y doña Isabel María de Morales y Zupide, señora de las Villas de Romanones, Valdemorales e Irueste. Sus padres moldearon su alma con gran delicadeza, pusieron en su corazón muy sólidos cimientos, pues en su brillante carrera acreditó cumplidamente que a la Patria y al Rey rendía culto y en holocausto de aquélla y de éste, afrontaba con la serenidad augusta que brota de las hondas convicciones, su vida y su hacienda, cuanto era, cuanta significaba, cuanto valía.

La creación del “Señorío de Las Villas de Romanones”, de su madre, se remonta al año 1561, fue rehabilitado el 31 de enero de 1893, con denominación de conde de Romanones, por don Álvaro de Figueroa y Torres, ex-presidente del Consejo de Ministros, y Caballero de Santiago, además de otros títulos.

Los datos que siguen, proceden de un extracto del árbol genealógico de los Torres, tomado del riquísimo archivo del Decano de los Cronistas Reyes de Armas de S. M., el Marqués de Ciadoncha, don José de Rújuld y de Ochotorena.

Don Rodrigo de Torres y Messia, bautizado en Santa María de Guadalajara el día 10 de marzo de 1655, Caballero de la Orden de Calatrava, Alcalde de la Santa Hermandad, Regidor perpetuo de Guadalajara, casó en Madrid, el día 7 de julio de 1681 con doña Isabel María de Morales y Zupide, bautizada en San Esteban de Valladolid el día 20 de febrero de 1656, Señora de Romanones y Valdemorales.

Fue fruto de este enlace:

I.- Don José Antonio de Torres y Morales, primer Príncipe de las Torres, Marqués de Villamejar, Vizconde de Irueste, Regidor perpetuo de Guadalajara.

II.- Don Rodrigo de Torres y Morales, primer Marqués de Matallana, Teniente General de la Real Armada, ctc.

III.- Don Antonio de Torres y Morales, Caballero y Baylio de la Soberana Orden Militar de San Juan.

IV Don Miguel de Torres.

 

LÍNEA DE DON RODRIGO DE TORRES

 

II.- Don Rodrigo de Torres y Morales, primer Marqués de Matallana, Teniente General de la Real Armada; Caballero de Justicia de San Juan, etcétera, etcétera, nacido como ya hemos dicho en Guadalajara el 7 de abril de 1687. Casó en la Isla de León el 27 de enero de 1737 con doña Isabel Ruiz de Rivera, Pimentel y Castañeda.

De este matrimonio fue fruto:

I.- Don Rodrigo de Torres Ruiz de Rivera, segundo Marqués de Matallana, Caballero de la Orden de Calatrava, en la que ingresó el año 1747.

II.- Don Miguel José de Torres Ruiz de Rivera, tercer Marqués de Matallana, Caballero de Calatrava, Alférez de Navío, Ministro plenipotenciario, etc., etc., bautizado en San Sebastián de Segovia el 2 de octubre de 1738, el que de su matrimonio con doña María Fernánda Connock White, Mageinse y MacDonald, Condesa de Albi, Marquesa de Alviville, Dama de la Orden de María Luisa, etc., tuvo a Don Pedro de Torres y Connock, cuarto Marqués de Matallana, Coronel de los Reales Ejércitos, bautizado en San Luis de Madrid, el 1 de agosto de 1773. Casó con doña Francisca de Paula Béjar Navascués.

Fue fruto de este enlace:

I. -Don Rodrigo Eduardo de Torres y Béjar, quinto Marqués de Matallana, Maestrante de Ronda, bautizado en San Miguel de Jerez de los Caballeros el 7 de julio de 1828, que casó con doña Ana Valle y de cuyo enlace no tuvo sucesión.

II.- Eugenia que murió soltera.

III.- Doña Avelina, que casó con...

IV.- Doña Amparo, que casó con don Pedro de Nolasco Meléndez, Arquitecto.

V.- Doña Matilde, que nació en Jerez de los Caballeros el l de julio de 1817, casada en 25 de marzo de 1843 en la misma ciudad con el Doctor don Ramón Esteban Ferrando, de cuyo enlace nacieron varios hijos: don Carlos, don Ramiro, doña Balbanera, don José, que murieron sin sucesión, y doña Rita, que contrajo matrimonio con don Roberto Rafael Reynolds Pérez-Montalvo, con sucesión, y don Eduardo de Esteban y Torres, sexto Marqués de Matallana, que nació en Jerez de los Caballeros el 7 de febrero de 1845, el que de su matrimonio con doña Manuela Frías y Soto, nacida en Burgos el 1 de enero de 1850, tuvo a:

I.- Don Eduardo de Esteban y Frías, séptimo marqués de Matallana, nacido en Jerez de los Caballeros el día 27 de diciembre de 1883. Casó en Madrid el 10 de agosto de 1917 con doña Rosario González Cardo. Tienen sucesión.

II.- Doña Carmen, nacida en 4 de enero de 1887, casada con don Guillermo Álvarez Sánchez, Abogado.

III.- Doña Asunción, nacida en 21 de agosto de 1889, casada con don Daniel de Paul, Comandante Médico.

 

II

 

La nación fuerte, vigorosísima, cuyos soldados en Europa y en África, en Oceanía y en América pasearon triunfante el pendón patrio y la cruz de Cristo, la que dictó la Ley al mundo, ofrecía cuadro tristísimo al pasar los umbrales de la eternidad el último Austria.

La corona que ciñó Carlos I se la disputaron, como es sabido, el archiduque Carlos y el duque de Anjou, después Felipe V. Muchos y muy valiosos elementos siguieron a este último príncipe. Hubo quien todo lo expuso para que triunfase, pudiendo citarse varios ejemplos de nobles y generosos extremeños que por él hicieron verdaderos sacrificios (1).

Hasta los veintidós años de edad no vistió Torres y Morales el honroso uniforme de la Armada. Sin duda alguna le atraía el mar, ese «gran corazón del mundo que no cesa de palpitar como el corazón del hombre», según la frase de Rubén Darío, pero acaso no pensara seguir esa carrera y le animara a empuñar las armas el deseo de contribuir al triunfo del primer Borbón que se sentó en eL trono de San Fernando. Y aquella guerra civil, como todas las luchas de esta clase, como todas las contiendas por altos ideales, rompió vínculos santos y puso a don Rodrigo en las banderas de Felipe de Anjou, y a su hermano muy querido, don José de Torres, en las del Archiduque, en las que llegó a singularizarse tanto, que don Carlos en premio a sus relevantes servicios, le hizo merced del Principado de las Torres. (Este título con denominación de duque, fue rehabilitado en 1907, por don Gonzalo de Figueroa y Torres, marques de Villamayor y conde de Mejorada del Campo.) Decir que su hermano era muy querido, aunque tuviera que luchar en el bando contrario, lo acredita el documento de “Fundación del Mayorazgo” que dice así:

 

FUNDACIÓN DE MAYORAZGO

Don Fernando, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canarias, de las Indias orientales y occidentales, Islas y Tierra firme del mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y Milán, Conde Abspurg, de Flandes, Tirol y Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, etc.

Por cuanto por parte de vos, el Teniente General de Marina, D. Rodrigo de Torres y Mora­les, Marqués de Matallana, Comendador de Fuente del Moral, en la Orden de Calatraba, del mi Consejo y Cámara de Indias, y doña Isabel Ruiz de Rivera y Castañeda, Marido y mujer, me ha sido hecha relación que del actual matrimonio tenéis dos hijos, D. Rodrigo y D. Miguel de Torres, y que vos, la dicha doña Isabel Ruiz de Rivera y Castañeda, de vuestro primer matrimonio que contrajisteis con don Juan del Ierro, tenéis a D. Marcos del Ierro, Conde del Pinar, y a don José y doña Juana del Ierro. Y que hallandoos como os hallais, uno y otro, con diferentes bienes libres, deseáis perpetuarlos en vuestros descendientes, para lo cual tenéis resuelto fundar mayorazgo de ellos en cabeza de uno de los hijos que tenéis del presente Matrimonio, suplicándome, que para que tenga efecto vuestra voluntad y evitar los pleitos que en adelante se pueden originar en este asunto, y para mayor lustre y esplendor de vuestra casa y familia, sea servido concederos Licencia y facultad para fundar el derecho de mayorazgo en cabeza de uno de los dos hijos con que os halláis del actual matrimonio, sin que estéis precisados a conteneros en el tercio y quinto que la ley permite, grabándolas legítimas Paterna y Materna de los otros hijos o como la mitad fuese.

Y habiéndome visto en mi Consejo de la Cámara por Decreto de veinte y seis de Septiembre próximo pasado, se os concedió la mencionada licencia y facultad como la pedís, y conformándome con ello, lo he tenido por bien.

Y para que de vuestra persona, y Casa, quede perpetua memoria, por la presente de mi propio motu, cierta ciencia y poderío real absoluto, de que en esta parte quiero usar y uso como rey y Señor natural, no reconociente superior en lo temporal, doy y concedo licencia y facultad a vos, los dichos, D. Rodrigo de Torres y Morales y Doña Isabel Ruiz de Rivera y Castañeda, marido y mujer, para que de los bienes muebles Raíces y semovientes, juros Censos, y otros cualesquiera que el presente tenéis, y adelante tuviéreis o de la parte que de ellos quisiéreis, podáis hacer, e instituir Mayorazgo en vuestra vida o al tiempo de vuestro fallecimiento, por vuestro testamento, o postrimera voluntad por vía de donación intervivos, o … (Y me salto una interminable jerga de aburridos términos legales, de más de dos folios.)

… Y por esta mi Carta, os traslado signado de Escribano público, mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricoshombres, Priores de las órdenes, Comendadores y subcomendadores, Alcaides de los Castillos, y Casas fuertes y Llanas y a los de mi Consejo, Presidentes, y Oidores de mis audiencias, y Cancillerías, y a todos los Corregidores, asistentes, Gobernadores, Alcaldes, Alguaciles, Merinos Prebostés, y otros cualesquiera mis Jueces y Justicias de estos mis Reinos y Señoríos, que guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir a vos los dichos, D. Rodrigo de Torres y Morales y Doña Isabel Ruiz de Rivera y Castañeda, y a la persona en quien fundareis el citado Mayorazgo, y a los demás que sucedieren en esta licencia y facultad, poder y autoridad que así os doy para hacerle, y todo lo que en su virtud y conforme a el1a hiciereis y ordenareis en todo, como en este despacho se contiene, y que en ello ni en parte, no os pongan ni consientan poner impedimento alguno.

Y si vos los dichos. D. Rodrigo de Torres y Morales y Doña Isabel Ruiz de Rivera y Castañeda, y el dicho vuestro hijo, o hija, o persona en quien fundareis el citado Mayorazgo, y los demás que adelante sucedieren, en el que quisiéreis, o quisieren de este despacho o de lo que en su orden hiciereis, y estableciéreis Privilegio y confirmación, mando a mis Concertadores y Escribanos mayores de los Privilegios y confirmaciones, y a mi Mayordomo Canciller y Notario mayores, y a los otros oficiales, que están a la tabla de mis sellos, que os la den, libren, pasen y sellen, la más firme, fuerte y bastante que les pidiéreis y hubiereis menester.

Dada en Buen Retiro, a siete de Octubre de mil setecientos y cincuenta y tres.

-Yo el Rey.-

- Diego, Obispo de Cartagena. -

- El Marqués de los Llanos. -

- D. Blas Jover Alcaza. -

-Yo, D. Agustín de Montiano y Luiando So. del Rey nuestro Señor, le hice escribir por su mandado. -

= Registrado por D. Diego de la Fuente. =

Por el Canciller mayor Diego de la Fuente.

 

La cláusula testamentaria en la que funda el mayorazgo, indicando, que por qué orden de preferencia lo establece, dice así:

Y usando de las facultades que se me conceden por la real licencia inserta a honra y Gloria de Dios y de su Bendita Madre, fundo mayorazgo de mi villa de Matallana, Título, empleo de Marchamo de la Real aduana de Cádiz, Censos redimibles y mitad de Dehesa, ( La otra mitad, como bienes adquiridos en el matrimonio, pertenecían a su esposa, la que también dejaba su parte al mismo fin, destinada.) que con toda expresión se dirá aquí, en favor y Cabeza de mi hijo mayor, y de dicha Excelentísima señora, Doña Isabel Ruiz de Rivera, mi legítima mujer, D. Rodrigo José de Torres Ruiz Morales y Rivera, Alférez de una de las Compañías de Reales Guardias de Infantería Española de S. M., sus hijos e hijas y descendientes legítimos, de legítimo matrimonio, prefiriendo el mayor al menor, y el varón a la hembra, según el orden del Mayorazgo Regular de Castilla.

Y fenecida su línea de hijos e hijas, y descendientes legítimos de legítimo matrimonio, llamo en segundo lugar por el mismo orden Regular, a mi hijo segundo y de dicha Excma. Sra., Don Miguel José de Torres Ruiz de Morales y Rivera, Guardia Marina de S. M., sus hijos y descendientes, prefiriendo como ya dicho, el mayor al menor y el varón a la hembra, y si acaso sucediere que dicha señora, mi mujer, sobre vive a los dos expresados, mis hijos, y estos hubiesen faltado sin dejar sucesión legítima, quiero que durante los días de su vida, goce y disfrute enteramente los bienes de este mayorazgo, y después de ellos llamo al goce de este dicho mayorazgo, a mi hermano el señor D. Joseph de Torres y Morales, Príncipe de las Torres, sus hijos e hijas y descendientes legítimos, por el mismo orden y preferencia que llevo establecido para los míos.

Y fenecida la línea de dicho Señor, mi hermano, llamo al goce del referido mayorazgo a la Sra. Doña Juana del Yerro, hija legítima de dicha excelentísima Sra. Doña Isabel Ruiz de Rivera y Castañeda, mi mujer y del Señor D. Juan Sebastián del Yerro, su primer marido y a sus hijos e hijas, y descendientes legítimos, por el mismo orden y preferencia del mayorazgo regular de Castilla.

Acabada su línea y descendencia legítima, llamo también a dicho goce y posesión, al Señor D. Marcos del Yerro, Conde del Pinar, hermano de la mencionada Sra. Doña Juana, sus hijos e hijas y descendientes legítimos por el mismo orden.

Y así que se extingan todas las líneas, expresadas y sobreviviere a ellas D. José del Yerro, hermano de los referidos, Doña Juana y D. Marcos del Yerro, que hoy está deprevendado en la Santa Iglesia de la Puebla, quiero que por los días de su vida, posea este mayorazgo y goce de sus rentas.

Y en falta de todos, quiero, y es mi voluntad, que este dicho vínculo y mayorazgo recaiga con todos sus bienes derechos y Rentas en la Real Congregación, o sea, Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe, que actualmente está erigida y se Venera en el Convento de San Felipe, el Real Orden de San Agustín de esta Corte, para que en él o en otra cualquiera parte a donde se mude, o esté, disfrute dicha renta y aprovechamiento, en culto de María Santísima. En mi caso quiero que la mitad de su Renta se refunda en dos Capellanías, iguales para dos Capellanes que han de nombrar el Hermano mayor y Conciliarios de dicha Congregación, con el preciso encargo y obligación que han de ser personas idóneas, bien nacidos, Pobres Presbíteros y aprobados de Confesores.

Y dichos Capellanes, han de tener obligación de celebrar todos los días, por mi alma, y la de la dicha Excma. Sra. mi mujer, y de nuestros hijos y deudos, en el Altar, donde se hagan las funciones a Nuestra, por su Congregación.

Y ninguno de dichos Capellanes ha de poder pedir ni obtener dispensa de su Santidad ni de otro subdelegado de su potestad para minoración de Cargas, ni de las demás condiciones que les llevo puestas, y silo intentasen, u obtuviesen, por el mismo hecho, les excluyo de ser tales Capellanes.

Y los Patronos han de nombrar otros, haciendo saber a todos, al tiempo de entrar a serlo, las obligaciones en que les constituís, para que no aleguen ignorancia.

Y sobre dicho nombramiento y cumplimiento, encargo las conciencias a los Hermanos mayores, Conciliaríos y Capellanes.

Y la otra mitad de la renta, se emplee en el aumento del culto de Maria Santísima de Guadalupe, o fábrica de su templo, u otra obra pía, que la Congregación estableciese, sin que lo puedan aplicar a ninguna otra cosa o fin.

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Sigo con las anotaciones sobre la vida de Don Rodrigo de Torres:

Parece ser que comenzó a servir en calidad de soldado distinguido en las galeras y navíos de Malta. Pasó después a Sicilia como teniente graduado, de capitán de una compañía, navegando en diferentes direcciones y cumpliendo siempre a satisfacción de sus jefes con su cometido, pues tuvo ocasión de “efectuar varias presas”.

El 13 de octubre de 1713, en nombre del Monarca, se le confirió el empleo de capitán de la compañía de Granaderos de su batallón, emprendiendo poco más tarde, con las fuerzas que mandaba, el viaje a España, desembarcando en Alicante. Asistió al sitio de Barcelona, destinándole a mandar la goleta San José, con la que asistió al bloqueo de la ciudad condal, llevando a cabo varios viajes por la costa de Cataluña, unos con el fin de conducir víveres a los sitiadores y otros para impedir que a los sitiados llegaran los socorros que les mandaban desde Cerdeña y Mallorca.

Torres acreditó gran inteligencia y valentía en las operaciones que efectuó y cumplió admirablemente con su cometido, pues tomó a los enemigos veintitantas embarcaciones.

Alboreaba el día 24 de julio del año 1714 , cuando tuvo la desgracia de encontrarse con dos goletas enemigas, y, como era consiguiente, se entabló el combate, que duró de dos a tres horas, peleando bravamente ambas partes. Pero la suerte le fue adversa, toda vez que recibió varias heridas, logrando últimamente los contrarios hacer prisionera a su nave. Inmediatamente lo trasladaron a Mallorca, donde comió el amargo pan de prisionero, sufriendo no pequeños trabajos hasta el mes de junio de 1715 que, con el auxilio de Francia, se logró que esa isla y la de Ibiza, en las que el marqués de Rubí mantenía la rebelión, capitularan, a condición de salir la guarnición libre y de respetarse las vidas de los naturales.

(El señor Pavía, en su citada obra “Galería biográfica” consigna que don Rodrigo fue a Génova con la escuadra mandada por don Andrés de Pez, para traer a España a la reina doña Isabel de Farnesio. En este detalle, no coinciden las notas biográficas del vicealmirante con los documentos de los que tomamos estos apuntes, y tampoco en lo relativo a la expedición de Mallorca para su reconquista. Aquellas dicen que figuró en ellas, y no fue así, pues don Rodrigo solo estuvo nombrado para una expedición a Mallorca, que había de mandar el marqués de Valdecañas, expedición que ordenó el Rey que se suspendiera. Alguna confusión de apuntes, cosa fácil en un libro tan extenso como el del señor Pavía, le hizo incurrir en el error)

A las órdenes del marqués de Mary, marchó a la expedición de Cerdeña, sigilosamente preparada por Alberoni, que consiguió, con muy buenas palabras, desvanecer los recelos de los ingleses y franceses.

(Puede verse en “Los Borbones ante la revolución”, de don Manuel Henao y Muñoz. (Tomo l. Sin pie de imprenta))

Toda Europa creía que tan lucida armada se encaminaba a los mares de Levante; mas sufrió no pequeña equivocación, pues cayó sobre la isla citada, que se resistió bien; pero que a los dos meses de emprender su conquista, el marqués de Lede, no tuvo más remedio que someterse.

Lede dejó allí una guarnición de tres mil hombres, figurando Torres en el número de los que felizmente regresaron a Barcelona, en septiembre de 1717. (Así figura en la Biografía del Teniente General don Antonio de Caztañeta, de Fernández Duro. – Almanaque marítimo de “La Ilustración”, 1881) Y en aquel mismo año, mandando la fragata “ Águila” , marchó a la Habana, donde prestó excelentes servicios; pues con esa embarcación, auxiliada por otras fuerzas, se logró reprimir un levantamiento muy grande, promovido a consecuencia de una “cuestión de tabacos”. Regresó en seguida a España, saliendo poco después, a principio del año 1718, nuevamente al mar con el “ San Juan” y “ La Galera” , cuyo mando se le encomendó.

El 23 de enero del citado año, tuvo que sostener un rudo combate, que duró hasta el día siguiente, en el Cabo de Gata, con tres grandes navíos de guerra holandeses, combate en el que experimentó algunas bajas, muertos y heridos; pero probó a los contrarios cuánto valían los marinos españoles por su arrojo y pericia, toda vez que las naves enemigas resultaron con gravísimas averías.

Nuevas complicaciones internacionales hicieron a Alberoni formar aquella brillante escuadra, compuesta de veinte navíos y fragatas, que causó, con justa razón, el asombro de las potencias extranjeras, escuadra que, partiendo otra vez de Barcelona al mando del célebre general Caztañeta, fue a desembarcar sin tropiezo en Sicilia, el día 1 de julio de 1718.

Don Rodrigo figuró en la expedición, teniendo la suerte, por hallarse destacado, de no presenciar la derrota sufrida por los nuestros (11 de agosto de 1718), que pelearon heroica, sí, pero estérilmente, con la poderosa escuadra del almirante Bing. (Véase la citada biografía del General Caztañeta)

La fragata “ Hermiona” , que mandaba Torres y Morales, fue de las pocas embarcaciones que se salvaron del desastre, regresando con ella a Cádiz, incorporado a la escuadra del general don Baltasar de Guevara. Para que fuera a Escocia, se encomendó a don Rodrigo el mando de la “Guadalupe”, como segundo comandante de la expedición. (Su real despacho de capitán de fragata, tiene la fecha de 26 de enero de 1719.

En el Cabo de Finisterre, una recia tempestad, deshizo la flota, viéndose Torres obligado a refugiarse en Cádiz. ¡Cuánta razón tenía el competentísimo don Baltasar de Guevara, para resistirse a salir en la estación que corría (marzo) y por esos mares, con la escuadra, cuya dirección se le encomendó! Sólo por cumplir se resolvió indudablemente a lanzarse a navegar.

Alberoni se propuso encender la guerra civil en Escocia; pero la idea por él concebida resultó funestísima para España. (Historia General de España, de Lafuente, Tomo XIII)

El mismo año, tuvo ocasión de singularizarse don Rodrigo, apresando en la costa de Cantabria, una fragata y una balandra de guerra inglesa. El 19 de diciembre del mismo, sobre el Cabo de San Vicente, con las fragatas que tenía a la sazón a sus órdenes, “ Tolosa”, “Hermiona” y “ Guadalupe”, libró un gran combate con tres navíos ingleses, muchísimo mejores y mejor pertrechados que sus embarcaciones, cuyos navíos intentaron represar la fragata y balandra que su flota conducía, y no obstante la desigualdad de fuerzas, Torres los rechazó briosamente, alcanzando una victoria, pues tuvieron que darse a la huída. Tan señalado triunfo le dio no pequeño renombre.

El 6 de enero de 1720 le concedió el Soberano, el empleo de capitán de navío. Este año, mandando el “ Catalán”, hizo largos viajes; y a la vista de la Habana, fue uno de los que pelearon durante cuatro horas seguidas con dos navíos de guerra ingleses, los que resultaron con bastante daño; no pudiendo seguirles, cuando emprendieron la fuga, por impedirlo un recio temporal. Se le encomendó, luego, el mando de la “Armada de Barbolento”, prestando muy buenos servicios, por lo que en 1724 se le ascendió a jefe de escuadra, siguiendo navegando en diferentes direcciones. Tuvo ocasión de distinguirse el año 1727, apresando cerca del canal de la Mancha, cinco buques mercantes ingleses.

Mandando, en 1728 el “ Aroguez”, estuvo en Nueva España, regresando a Cádiz al poco tiempo, donde pasó el año 1729 y parte del 1730, pues en éste, volvió a embarcar, estando por cierto, muy expuesto a irse a pique, al desarbolarse los dos navíos a su cargo, luchando, a consecuencia de esto, con las olas, durante diecisiete días, hasta que, tras de no pocos esfuerzos, logró arribar a un puerto mejicano, de donde una vez hechas las reparaciones necesarias a las naves, partió para Cádiz.

La posesión de los Estados de Parma y Plasencia, para el infante don Carlos era justo demandarla, pero los monarcas españoles la pedían sólo para apoderarse de todo el reino de Nápoles, (1) y organizada en 1731, con ese fin, una expedición al país del arte, a la poética Italia, empresa con la que terminó sin efusión de sangre, y por lo mismo, con admiración de todos los hombres políticos, la complicada y antigua cuestión de la sucesión de los hijos de Isabel de Farnesio de España a los ducados de Parma, Toscana y Florencia, (2) fue don Rodrigo de Torres, nombrado tercer jefe de la Armada.

(1).- Crónica de las dinastías austriaca y borbónica, por Ortiz de la Vega. Madrid y Barcelona. 1854.

(2).- Lafuente. “Historia General de España”. Tomo XIII. (Justo es consignar, que nos sirvió en aquella ocasión, doblemente, el rey Jorge de Inglaterra).

En comisión, mandó la flota nuestro biografiado, en 1732, y el año 1733 naufragó su embarcación en los “Cayos del canal de Bahama”, sufriendo infinidad de trabajos tanto él como sus subordinados, salvándose, gracias a su competencia y celo, “todos los intereses”.

Al desembarcar en Cádiz, después de tan accidentado viaje, se encontró con la agradable sorpresa de que el Monarca le había ascendido, redactando su real despacho, cuya fecha es de 6 de junio de 1734, en la siguiente forma, que tanto enaltece al más tarde marqués de Matallana:

“Atendiendo a los servicios de vos D. Rodrigo de Torres, Cavallero del Orden de San Juan, y Jefe de escuadra de mi Armada, y al celo y Amor con que habéis desempeñado vuestra obligación en las varias comisiones que he fiado a vuestro cuidado, y a la satisfacción con que habéis procedido en estos en­cargos, he venido en haceros merced del empleo de Teniente General de mis Armadas Navales”.

Del año 1735 al 1737, desempeñó con gran acierto, el mando del Departamento marítimo de Cádiz.

El Rey, y esto demuestra lo que se apreciaba a Torres, y el concepto que de él se tenía, le hizo figurar en la Junta del Almirantazgo, que presidió el infante don Felipe y estuvo compuesta por los más prestigiosos generales de la Armada. De ella fue secretario el ínclito don Zenón Somodevilla, más conocido por el marqués de la Ensenada, título que alcanzó posteriormente, el año 1782.

Otra señalada prueba de afecto recibió del Rey, el 6 de noviembre de 1738, pues en atención a los “méritos y servicios” de don Rodrigo, se dignó concederle - “El empleo de Marchamo de todas las ropas que entren en la Aduana de Cádiz, y salen de ella para dentro y fuera de estos Reynos, y los de las Indias, por turno de heredad, para sí, y su Casa y Herederos y sucesores, con el mismo sueldo, emolumentos, honores y preheminencias con que le obtuvo don Manuel Ibáñez, y le servía desde el año mil setecientos y catorce, don Francisco Ibáñez, su hijo, y con la facultad de nombrar Teniente”. ­

El año 1740, puso el Monarca a sus órdenes una lucida escuadra, compuesta de los navíos “ Invencible” (en el que tenía enarbolada su insignia), “ Santa Ana”, “Fuerte”, “Nueva España”, “San Felipe”, “Príncipe”, “Andalucía”, “Castilla”, “San Luis”, “Real Familia”, “San Antonio”, y “ Reina”, y de los bergantines “Pingüe”, “Isabela” y “ Hermoso”.

Sólo a un general al que se le reconociera gran talla intelectual podía concedérsele un mando de esa importancia en tan difícil ocasión, pues había que combatir con Inglaterra, que llegó a encender la guerra a nuestras posesiones del Nuevo Mundo, y don Rodrigo no defraudó las esperanzas que en él había fundado el Monarca, y su Gobierno, antes al contrario, conquistó una señalada recompensa.

Condujo a Cartagena de Indias (1) los auxilios demandados por el teniente general don Blas de Lezo (2), y sostuvo, con gloria y provecho para la Patria y manifiesto daño para los enemigos, rudos combates, logrando salvar y traer a España, desde la Habana, nueve millones de pesos fuertes, premiándole el Monarca, los relevantísimos méritos que contrajo, con el título de Castilla y la denominación de Marqués de Matallana.

(1).- Si esta plaza de Cartagena de Indias, hubiera caído en poder de los Ingleses, España hubiera perdido el dominio de la América. (Continuación a la “Historia de España”, del P. Mariana. Madrid, 1828.)

(2).- Véase la preciosa biografía de don Blas de Lezo, escrita por el erudito Fernández Duro, e inserta en el ya citado “Almanaque Marítimo”.

Tan seguro consideraban los Ingleses la toma de Cartagena, que habían mandado acuñar varias medallas conmemorativas del hecho, en las que se nos ridiculizaba. La leyenda de ellas decía: “El orgullo español abatido por el almirante Verón. Los héroes británicos tomaron a Cartagena en abril de 1741”.

Dejamos a juicio del lector los comentarios a que se presta esa ligereza.

La historia de Blas de Lezo, y de cómo derrotó a los ingleses en Cartagena de Indias, puede leerse con todo lujo de detalles en el libro “EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA” “De cómo Blas de Lezo, tuerto, manco y cojo, venció en Cartagena de Indias a la otra <<Armada Invencible>>” , de Pablo Victoria, editado por Áltera, (Año 2005) – Merece la pena.

Durante su permanencia en la Habana se incendió el navío “ Invencible”. La reputación justísima, que gozaba de general expertísimo y denodado, se aumentó al tenerse noticia de los servicios que prestó entonces a España y a su Soberano. ­

No he podido averiguar qué destinos ocupó desde esa época hasta su muerte.

En todos los cargos que desempeñó, tanto en época de paz como de guerra, cumplió admirablemente con su cometido, como lo prueban multitud de oficios, que se le pasaron, dándole las gracias en nombre de Felipe V y de Fernando VI, oficios que con gran complacencia hemos leído.

Don Rodrigo de Torres y Morales supo dar lustre al noble apellido que heredó de sus mayores. No tiene lápidas conmemorativas que invoquen su memoria, ni las necesita; pues a los hombres como él les basta en esta vida la satisfacción del deber cumplido y en la otra, es seguro que recibirán el premio merecido a sus servicios.

 

III

 

Don Rodrigo de Torres y Morales contrajo matrimonio en la isla de León el 27 de enero de 1737 con la señora doña Isabel Cayetana Ruiz, de Rivera, Pimentel y Castañeda, de noble estirpe, nacida en la ciudad de Méjico el 11 de agosto de 1704, hija de don Pedro Ruiz Pimentel y de doña Juana de Rivera y Castañeda y viuda de don Juan Sebastián del Hierro (1), primogénito del conde del Pinar.

(1).- De este señor tuvo tres hijos: don Marcos (conde del Pinar); don José, presbítero, y doña Juana (marquesa de Villostoya) del Hierro y Ruiz.

Deseando Matallana que subsistiera su Casa con el esplendor y estimación que se merece, fundó por disposición testamentaria, y de acuerdo con su esposa, un importante vínculo a favor del mayor de sus hijos, para lo que previamente había obtenido real autorización, fechada en Buen Retiro, el 7 de octubre de 1753.

Doña Isabel Cayetana, en su testamento, otorgado en Madrid el 24 de diciembre de 1753, ante el escribano don Antonio Carrasco, también creó mayorazgo a favor del primogénito de su segundo matrimonio.

La base principal de la vinculación, fue la dehesa de “Alcobaza”, en el término de Jerez de los Caballeros, que perteneció a la Orden de Santiago, y que compraron al Rey en 1.176.330 reales.

Fruto del matrimonio de los primeros marqueses de Matallana, fueron dos hijos:

1.- Don Rodrigo José de Torres y Ruiz de Rivera, segundo Marqués, Oficial de las Reales Guardias de Infantería española, Caballero de la orden de Calatrava, Marchamo de la Real Aduana de Cádiz.

2.- Don Miguel José de Torres y Ruiz de Rivera, tercer Marqués por herencia de su hermano, Alférez de Navío, Ministro plenipotenciario en Parma, Venecia y Nápoles, Consejero honorario de Estado, Marchamo de la Real Aduana de Cádiz, Comendador de Fuente del Moral en la Orden militar de Calatrava, gran Cruz de la Orden de San Juan, etcétera.

Don Miguel José, de su matrimonio con doña María Fernánda Connock White Magesíne y Macdonel, Condesa de Albi y Marquesa de Alviville, del Sacro Romano Imperio, de la orden de Damas Nobles de María Luisa, tuvo a:

2.1.- Don Pedro de Torres y Connock, cuarto marqués, Coronel de los Reales Ejércitos, el que casó con doña Francisca de Paula Béjar, de cuyo enlace nació:

2.1.1.- Don Rodrigo Eduardo de Torres y Béjar, quinto Marqués, Maestrante de la Real de Ronda, pasando el título a su fallecimiento, sin descendencia, a su sobrino carnal, hijo de su hermana, doña Matilde de Torres y Béjar.

2.2.- Doña Matilde de Torres y Béjar, casó con Don Ramón Esteban Ferrando, y de tal matrimonio nació:

2.2.1.- Don Eduardo Esteban y Torres, (Quien heredó el título de VI Marqués de Matallana), el cual casó con doña Manuela Frías y Soto, de cuyo matrimonio nació el VII Marqués, don Eduardo Esteban y Frías.

 

IV

 

En el expediente de ingreso en la S. Orden Militar de S. Juan, del Marqués de Matallana (Archivo de los señores de Rújula. Genealogías de Malta. F 349: H. 53, Folio 362), y en otros documentos del título, constan sus blasones, que son los siguientes:

Torres: De gules, cinco torres de oro puestas en sotuer y donjonadas de una torrecilla.

Morales: Cuartelado; 1° y 4° de oro, un moral verde formado del mismo metal; 2º y 3° de plata, y tres fajas de sable.

Messia: De azur tres fajas de plata.

Zupide: De simple, un castillo de plata con llamas de fuego y dos leones de oro empinentes a él; bordura de oro con siete flores de lis de azur.

Los de la primera. Marquesa fueron:

Su primer apellido, Ruiz de Castro: cuartelado: 1° y 4° de plata, el águila exployada de sable; 2º y 3º de plata, la encina de su color, y un lobo de sable pasante; bordura de gules, cargada de ocho sotueres.

El de Rivera es de oro las tres fajas de sinóple.

En la R. C. creando el Marquesado de Matallana, hay el siguiente escudo, muy mal blasonado por cierto: Cuartelado. 1° de gules, cinco torres de oro puestas en sotuer y donjonaqas de una torrecilla. 2º de plata las tres fajas de sable. 3º de oro las tres fajas de azur, bordura cargada de siete sotueres de oro. 4º de gules el moral de sinople frutado.

Acolado. Cuartelado; 1º de oro el águila de sable exployada; 2º de sinóple, las cinco conchas de plata, puestas en sotuer; 3° de oro, las tres fajas de sinóple; 4º de gules, las tres torres cargadas de tres armiños, la del centro, y de dos, las otras.

Timbrados de la corona de Marqués: Corresponde el primero a los apellidos Torres, Morales, Messia, y el segundo, a Ruiz, Pimentel, Rivera y Castañeda.

CRISTIANAMENTE, como debía hacerlo un hidalgo de su clase, y un marino de su tiempo, el primer Marqués de Matallana, rindió tributo a la muerte, en Madrid, el día 14 de diciembre de 1755, dejando ordenado que su cadáver fuese enterrado en la “Iglesia o Bóbeda de los capuchinos de la Corte”.

 

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