Victor Reynolds

(Nuestro hombre en Estremoz)

 

 

Pasó los años veinte con vida frívola, como cualquier joven de familia acomodada: Viajando y haciendo amistades.

La guerra civil española le mostró la situación de los refugiados, y cuando los aliados se enfrentaron a Hitler, se convirtió en un valioso agente británico.

Medio Inglés y medio Portugués, Víctor Reynolds, con la ayuda de contrabandistas y agentes secretos, salvó a cientos de refugiados que huían de los alemanes. - Martín Reynolds tuvo la sorpresa de su vida aquel día. Tenía diez años y estaba pasando sus vacaciones en la imponente casa donde vivía su tío Víctor (La Quinta do Carmo, en las afueras de Estremoz) - El resto del mundo estaba pasando los peores días de la Segunda Guerra Mundial, pero en aquel rincón del Alentejo todo parecía tranquilo. En la madrugada, la tranquilidad de los olivares se rompió por las sombras furtivas que llegaban desde lugares lejanos. Cuando entró en el comedor aquella mañana, Martin encontró "dos hombres sin afeitar y mal vestidos que hablaban entre sí en francés". - Su tío le explicó el misterio: Después de conseguir de él una promesa de absoluto secreto, le reveló que aquellos extranjeros eran prisioneros de guerra se habían escapado, y que él estaba ayudándolos a llegar a Inglaterra para unirse a las fuerzas del general De Gaulle.

Martin hizo amistad con uno de estos hombres, un oficial francés llamado Serge Seignol. Después de la guerra, Martín lo visitó en París en varias ocasiones, y él volvió a Portugal para visitar a la familia. Serge Seignol fue uno de los muchos fugitivos extranjeros que pasaron por la Quinta do Carmo durante la Segunda Guerra Mundial. - La Quinta, era tan conocida por el esplendor de su arquitectura barroca como por la calidad de sus vinos, y fue abrigo para cientos de combatientes ingleses, belgas, franceses y polacos que habían escapado de las cárceles de la Alemania nazi, o de países ocupados por ellos. Desde el Alentejo, continuaron su viaje a Lisboa, y de allí a Inglaterra, donde se unieron a las fuerzas aliadas.

El hombre que manejaba los hilos de estas operaciones era el tío de Martín, Víctor Hunter Reynolds, un inglés nacido en Lisboa y administrador de la Quinta. Víctor era un descendiente de Thomas Reynolds, un comerciante de inglés que llegó a Portugal en 1820, creando en Oporto una empresa para el comercio del vino. - Algunos años más tarde, los intereses comerciales de los Reynolds se ampliaron cuando incluyeron el corcho entre sus productos, y adquirieron extensos bosques de alcornoques en el Alentejo y en el sur de España.

La familia nunca cortó sus vínculos con su país de origen, pero dejó profundas raíces entre nosotros. En Portugal. - Algunos de estos familiares se casaron con miembros de familias portuguesas con dinero e influencia. Esto fue lo que Rafael - uno de los nietos de Thomas William Reynolds - hizo al casarse con Cristina Andrade Bastos, nieta del banquero José Antonio d'Andrade. Cuatro hijas y cuatro hijos nacieron de este matrimonio, entre los cuales se encontraba Víctor, nacido en Lisboa el 10 de diciembre 1901. - Mantener una familia de ocho hijos no fue fácil, incluso con un ingreso razonable. Rafael, Cristina y su numerosa familia se fueron a Inglaterra en busca de condiciones de vida mejores. Se establecieron en Hastings, en Sussex, donde los chicos asistieron a la Escuela Universitaria. Víctor no se adaptaba bien a la férrea disciplina de la escuela, que dejó a la edad de 15 años, fijando su mirada en la carrera militar. Era un jinete entusiasta, un gran admirador de Wellington, y soñaba con unirse a un regimiento de caballería. - Sin embargo, en 1917, sus esperanzas se desvanecieron cuando la familia regresó a Lisboa.

Al llegar a Portugal, Víctor y su hermano George fue a trabajar con su tío, John Reynolds, quien administraba las propiedades familiares. Bajo la dirección de su tío, se familiarizó con el Alentejo y la Extremadura española, y aprendió la gestión de las explotaciones. - Quienes conocieron a Víctor a continuación, estaban de acuerdo en que se adaptó sin dificultad a la vida en los montes de la región del Alentejo. Hablaba portugués con bastante acento Inglés, aunque esto no fue un obstáculo para su buena relación con los trabajadores rurales, en las granjas y en sus bosques de alcornoques. Este buen entendimiento fue una ventaja cuando, a la muerte de su tío Juan, se hizo cargo de la gestión de la Quinta do Carmo, que pertenecía a la viuda de John, su tía materna Isabel Bastos Reynolds, así como de otras propiedades que formaban parte de la vasta propiedades de la familia. Fuera de su trabajo, Víctor tenía la vida de un joven acomodado en los años veinte, viajando por toda Europa, haciendo viajes por el río Tajo en el “Greylag”, una lancha familiar, montando a caballo, cazando, pescando, y coqueteando por aquí y por allá con mujeres bonitas.

La guerra civil española entre 1936 y 1939 proporcionó a Víctor la primera experiencia real de su vida. El bombardeo de la vecina ciudad de Badajoz por la fuerza aérea de Franco, en agosto de 1936, y la masacre que siguió a continuación, le causó una profunda impresión. La frontera estaba sólo a una corta distancia de sus haciendas, y como anglo-portugués, Víctor no pudo pasar por alto los miles de refugiados españoles que cruzaron la frontera en busca de seguridad. - Al igual que muchos otros portugueses, Víctor Reynolds tendió una mano a los refugiados republicanos, ayudándolos a escapar de las tropas de Franco, y ocultándolos temporalmente en sus tierras.

Muchos años después, Roderick (Rodrigo) Reynolds, otro de sus sobrinos, descubrió una prueba viviente de la ayuda humanitaria de Víctor, en Naucalpan de Juárez, un suburbio industrial de la ciudad de México. Dijo: "Para mi sorpresa, me encontré con un mexicano que hablaba portugués antiguo. Era un hombre de origen español, a la vez que un refugiado de la Guerra Civil española, que había pasado por Aravia, una de nuestras fincas en Casa Branca, cerca de Sousel, cuando era un niño. También se acordaba de mi tío."

El mismo año que vio el final de la guerra en España, vio la llegada de otro conflicto: El comenzó la Segunda Guerra Mundial. Víctor se ofreció para luchar en el ejército británico, pero las autoridades británicas le pidieron que se quedara donde estaba. Dice Rodrigo: “Cuando se dieron cuenta de que mi tío hablaba bien el portugués, que vivía cerca de la frontera española y que tenía un excelente conocimiento del terreno, le dijeron que había otra forma de ayudar a Gran Bretaña, en lugar de asistir al campo de batalla”. - Víctor comprendió pronto el pleno significado de esas palabras. Los diplomáticos británicos en Lisboa, que tenían amistad con Víctor Reynolds, fueron conscientes del patriotismo de la familia. - En las fiestas de caza, en la Quinta do Carmo y en otras haciendas, siempre hubo visitantes de la embajada británica: El Embajador, Ronald Campbell, y el Agregado militar Jack Beevor, que era el representante en Portugal de la famosa SOE (Ejecutivo de Operaciones Especiales), una organización especializada en la actividad de la guerrilla y sabotaje. Víctor Reynolds se convirtió en el hombre adecuado, en el lugar correcto, y en el momento oportuno. Un agente a quien el servicio secreto británico podía confiar la delicada misión de acoger y enviar a Lisboa prisioneros de guerra fugados que huían de los campos enemigos, pilotos de la RAF que había sido derribados, y agentes encubiertos. - En algunos cuadernos gastados y polvorientos, entre diversas entradas de los sueldos de los empleados y las cuentas de explotación, Víctor Reynolds tomó nota de los nombres de algunos de los refugiados que había cuidado: Tenientes Rzepka y Osser, THADE, Korek, Ember Stefan, Heusch Pierre, Jerzy Lipinski , Jacob Redlich.

Con el fin de ayudar a escapar de prisioneros aliados de Alemania, la inteligencia británica creó una organización especial: el MI9, con el apoyo de los movimientos de resistencia anti-nazi y por redes de traficantes muy bien pagados. Tanto los británicos como los alemanes utilizaron los servicios de las organizaciones de contrabando que existía en toda Europa, según el historiador Antonio José Telo. - El Servicio Secreto Británico controlaba la mayor parte de estas redes, y las habían perfeccionado a un alto nivel. También tuvieron que pasar ríos de dinero para hacerlo. Esto explica por qué muchos fugitivos lograron cruzar los Pirineos y la España de Franco y llegar a Lisboa, la puerta de entrada a Inglaterra y otros países aliados. Por la correspondencia Víctor Reynolds nos enteramos de que una de sus primeras tareas fue preparar una bienvenida a mil quinientos ciudadanos ingleses procedentes de la Francia ocupada a finales de 1940. Nunca llegaron, pero Víctor Reynolds cumplió las órdenes recibidas. - Refugiados procedentes de Alemania y países ocupados necesitaban un visado, expedido por el Consulado de Portugal en esos países, para poder entrar legalmente en Portugal, y un visado de tránsito para cruzar España. En los primeros años de la II Guerra Mundial, con los primeros triunfos de peso a favor de Hitler, Salazar hizo muy difícil la entrada en Portugal a los enemigos del Eje. Sin la autorización del Ministerio de Asuntos Exteriores, los cónsules no podían emitir visados para los polacos, rusos, judíos, los checos, los apátridas, ni tampoco a holandeses, franceses y belgas en edad militar. Por supuesto, estos visados se podían conseguir mediante la expedición de documentos falsificados, y muchos refugiados viajaron con ellos. A falta de cualquier documento necesario, la única solución era entrar en Portugal de forma clandestina.

La Inteligencia Británica previó que el mayor número de refugiados cruza la frontera de Marvão, porque era el más cercano a Madrid. Para ayudarles a partir a Lisboa, un centro de acogida se estableció allí, pero Víctor Reynolds sugirió que un segundo centro se debía crear en la frontera de Elvas. Además de un alojamiento más fácil de encontrar, y los trenes más puntuales, Víctor Reynolds contó con la ayuda de contrabandistas en la zona, y la buena voluntad de la policía de fronteras. De acuerdo con Martin Reynolds, su sobrino, para que fuera más fácil escapar, los presos debían cruzar la frontera de Elvas. Su tío garantizaba la complicidad tácita de la policía de fronteras con regalos, whisky y otras cosas. La Embajada del Reino Unido se aseguró de que Víctor Reynolds tuviera los medios necesarios para llevar a cabo sus misiones. – “Gran Bretaña alquiló uno de los coches de mi tío durante la guerra, dijo de broma Roderick”. El coche, un Chevrolet que funcionó con gas a fin de poder viajar fuera de los límites estrictos, impuestos por la escasez de gasolina, era conducido por Avelino de Jesús, chofer de Víctor Reynolds y su compañero en innumerables hazañas. - El jefe y el empleado eran como hermanos: A través de muchos años de trabajar juntos, se hicieron muy parecidos en su sentido del humor, su pasión por la fotografía y la vida al aire libre. Eran incluso físicamente parecidos, con las mismas características y la misma forma de caminar, recuerda Rocha Teodora, viuda de Avelino.

Cruzar la frontera por tierra no siempre fue posible, y los refugiados a menudo tenían que cruzar uno de los ríos a lo largo de la frontera, el Caia o el Guadiana. – “Cruzar el río Caia se logró gracias a un pequeño bote a remos de fondo plano, que mi tío tenía en la granja llamada Serra y Horta, cerca de Elvas”, - contaba Rodrigo. Desde allí, los fugitivos eran llevados a la Quinta do Carmo, o al «monte» de Aravia, donde los empleados los cuidaban. Avelino llegaba a una de estas granjas con tres o cuatro personas, y anunciaba que el Sr. Víctor Reynolds quería que los cuidaran. Y así se hacía. Si era necesario, se sacrificaba un cerdo o un pollo para darles de comer. En algunas ocasiones, fue necesario ir a España para recoger “fugitivos”.

Tentada por Víctor Reynolds, la policía del país vecino (España), llegó a ser tan cooperativa como sus homólogos portugueses. – “A veces los guardias españoles llamaban por teléfono a mi tío para pedirle consejo sobre qué hacer con algún inglés que habían capturado. Víctor Reynolds llegaba y le decía al comandante del puesto fronterizo: Aquí tiene un kilo de café para usted, y déjeme al inglés para mí”. - En un momento dado, los fugitivos fueron convocados a Lisboa. Si se les habían hecho los papeles correctos, podían viajar en tren. Si no, tenían que viajar discretamente en el Chevrolet o en los autos de diplomáticos que visitaba frecuentemente la Quinta do Carmo. - La Embajada del Reino Unido llevaba a cabo el resto. "Algunos eran llevados a Inglaterra o a Gibraltar, los demás eran puestos a bordo de barcos o barcazas de vela que, por una feliz coincidencia, pasaba junto a un barco que estaba a punto de zarpar. - “La policía marítima ha contribuido en gran medida a estas fugas”, decía Rodrigo.

El trabajo de Víctor Reynolds benefició no sólo los ingleses, sino también a belgas, polacos y franceses. Se estima que más de sesenta militares belgas fueron acogidos en la Quinta do Carmo, entre febrero y junio de 1941. En una carta de 1979, Marc Jottard, el ex cónsul belga en Barcelona, recuerda que después de la invasión de su país en mayo de 1940, muchos patriotas belgas de todas las clases llegaron a la capital catalana, después de haber cruzado los Pirineos en secreto. Gracias a Víctor Reynolds, muchos militares belgas - los aviadores, los oficiales de alto rango y los jóvenes voluntarios, fueron enviados a Lisboa discretamente, evitando así el riesgo de ser devueltos a España. - Max Polchet, un agente involucrado en la planificación de las fugas, señaló que el Reynolds anglo-portugués, gastaba grandes sumas de dinero entre los muchos contrabandistas de la región fronteriza de Elvas, antes de encontrar una persona de confianza y capaz de servir como oficial de tránsito. - Uno de los que debían su libertad a Víctor Reynolds fue el general Roger Dewandre, entonces un joven cadete en la Academia Militar Real. Dewandre fue rescatado por Reynolds, junto con cinco compañeros, después de una etapa difícil, entre Badajoz y la frontera portuguesa. - "Sin dinero, congelados de frío y muertos de hambre, se corre el peligro de ser arrestados por la policía portuguesa". Pero Reynolds les daba comida, alojamiento y transporte a Lisboa. Sin esta ayuda, Dewandre admitió que "nuestras posibilidades de llegar a Gran Bretaña habrían sido muy remotas". Bélgica reconoce estos servicios y Víctor Reynolds fue nombrado Caballero de la Orden de Leopoldo II en 1954. - La red belga de apoyo a la fuga de presos "fue dirigido por el P. Víctor de Moutier", afirmó Martin Reynolds. "El Inglés Víctor, quien era un ferviente anglicano y que profesaba ser hostil a los papistas, se sorprendió mucho cuando descubrió que Moutier fue antes, un sacerdote católico." Esta sorpresa rápidamente dio paso a un afecto mutuo. Una gran amistad y respeto creció entre ellos. Al final de la guerra, el padre Moutier fue invitado por Víctor Reynolds a visitarlo, y a pasar sus vacaciones en la Quinta do Carmo.

El oficial del ejército que más disfrutó de la hospitalidad de Reynolds fue un polaco, llamado Potoski. Roderick cuenta la historia: "En los años 60, cuando yo era un piloto de la RAF, di instrucciones a un aviador polaco que, al oír mi nombre, me preguntó si era pariente de Víctor Reynolds. Cuando le dije que sí, él me dijo que había sido refugiado en nueve ocasiones en varios hogares de la familia. Conocía la Quinta do Carmo, Aravia, Mouchão y Troca Leite-Well”. El caso de Potoski fue uno de los más sorprendentes de la Segunda Guerra Mundial. "Derribado 12 veces por los nazis, él siempre se las arregló para escapar. En su base, la convicción de que volvería Potoski era tan fuerte que siempre había un lugar para él en el comedor", decía Rodrigo. Agradecido por estos y otros rescates, el Gobierno polaco distinguió a Víctor Reynolds con la medalla de la Orden de la Polonia libre.

Las ayudas para los aliados adoptaron diversas formas. Reynolds enviaba alimentos, tabaco y otros artículos para los presos ingleses en Alemania a través del Fondo para los prisioneros británicos de guerra, o a través de Carioca, una tienda de comestibles muy conocida en Lisboa. La prueba de esto son algunas postales enviadas por los prisioneros de guerra desde Stammlager 111A, XB Stalag, Marlag und Milag Nord. Mensajes escritos a lápiz, para encajar en el pequeño espacio permitido en la postal, trajeron la noticia y el agradecimiento de los soldados.

La propaganda británica en el Alto Alentejo fue otro frente en el que se llevó adelante la lucha. Reynolds coordinaba agentes de propaganda, propagación a través de ciudades y pueblos de la región y trató de ganar para su causa a las personas influyentes de la región. "Me tomo la libertad de enviar... ... algunos folletos, mapas, fotografías y otras formas de literatura para difundir la verdad sobre Inglaterra", dice una carta enviada a un teniente coronel en Elvas. Él se servía para sus contactos, de libros, revistas, la Union Jack, insignias de la RAF, fotografías enmarcadas de la familia real y del Primer Ministro, Churchill. Pedía que se distribuyeran en los cafés, centros recreativos, clubes, estaciones de bomberos y los locales parroquiales.

Unos meses antes de finalizar la guerra, Víctor Reynolds se casó con Natalie Cooper, que trabajaba para la embajada británica.

Después dela victoria, Gran Bretaña se vio muy solicitada por sus agentes portugueses. Una lluvia de cartas llegó a la casa de Reynolds solicitando puestos de trabajo y otras remuneraciones por los servicios prestados. "En un momento en que era peligroso ser un anglófilo en Portugal, había un buen puñado de patriotas que se mantuvieron fieles a sus convicciones", escribe un agente en Marvão con el nombre de Jeremías Dias, que fue encarcelado durante 96 días por órdenes del PVDE (policía secreta). Jeremías se lamentaba de que hasta la fecha nadie lo había contactado para poder pagar sus gastos. Reynolds pagaba a muchas de estas personas de su propio bolsillo, y también a otros, a los que se refiere como representantes de las naciones aliadas. Pero los diplomáticos que prestaban servicios al comienzo de la guerra habían sido reemplazados por gente que sabía muy poco de los valiosos servicios de Víctor. Incluso Avelino tenía motivos para quejarse. "Los británicos que frecuentaban la casa del señor Víctor prometían a mi marido muchas cosas: dinero, un arma buena, e incluso una casa en Estremoz... pero al final no recibió nada", se quejó Teodora Rocha.

Hasta su muerte en 1985 Víctor Reynolds siguió la vida de un hacendado, distanciándose de las prácticas semi-feudales de algunos de los propietarios de las tierras del Alentejo. “Comprendía perfectamente la dura vida de muchos de sus empleados, y fue responsable de numerosos actos de generosidad”, recuerda Martín. “Recuerdo cuando a una pareja casada, empleados de su casa, que habían tenido dos niños gemelos, les dio una vaca de ordeño para ayudarlos con la alimentación de los lactantes”. - “Su reputación como un buen hombre y empresario influyeron a su favor durante la Reforma Agraria. Sus propiedades no fueron ocupadas, aunque había ciertas dificultades, como era de esperar”. - La popularidad de Reynolds se manifestó en algunos lugares inesperados. “Cuando fue por primera vez a África, su avión aterrizó en Accra, Ghana”, relataba Roderick. - Mi tío bajó del avión, y pronto se dio cuenta de que estaba siendo seguido por alguien vestido de árabe. Esta persona se le acercó y le preguntó: “Perdone, ¿Es usted el señor Víctor? Soy el hijo de Antonio Branco, el hombre del garaje de Estremoz, y soy mecánico de la TAP”.

Aunque anglicano, Reynolds se llevaba bien con los "papistas". Una tarde, llegó después de atropellar a una oveja. Tras compensar al pastor, Víctor se dirigió al Convento de Estremoz para llevar al animal a las monjas. Llamó a la puerta y desde dentro se oyó una voz: “¿Quién es?” – “Es el diablo”, respondió. –“Ah, señor Víctor, puede entrar”

Traducido de un artículo escrito por Alberto Franco y publicado en el "Público" 01 de febrero 2004

(Enviado por Rui María Correa Zagallo Pacheco en Mayo de 2010)

 

 

A continuación el mismo artículo en inglés, tal como aparece en Internet:

http://www.conscript-heroes.com/Art30-VictorReynolds.html

 

 

 

VICTOR REYNOLDS

OUR MAN IN ESTREMOZ

 

He spent the frivolous Twenties like any well-off young man: travelling and socialising. The Spanish Civil War showed him the plight of refugees, and when the Allies confronted Hitler, he became a valued British agent. Half English, half Portuguese, Victor Reynolds , with the help of smugglers and undercover agents, saved hundreds of refugees fleeing from the Germans

Martin Reynolds had the surprise of his life that day. He was ten years old, spending his holidays in the imposing house where his Uncle Victor lived - the Quinta do Carmo, on the outskirts of Estremoz. The rest of the world was enduring the worst days of World War Two; in that little corner of the Alentejo all seemed peaceful. But in the small hours, the tranquility of the olive groves was broken by furtive shadows from far-away places. Entering the dining room that morning, Martin encountered "two shabby and unshaven men, who were speaking to each other in French." His uncle explained the mystery. Insisting on a promise of total secrecy, he revealed that the strangers "were escaped prisoners-of-war", who he was helping to reach England and join the forces of General de Gaulle. Martin made friends with one of these men, a French officer called Serge Seignol. "After the war, I visited him in Paris on several occasions, and he came to Portugal to visit our family."

Serge Seignol was one of many foreign fugitives who passed through the Quinta do Carmo during the Second World War. The Quinta, as well-known for the splendour of its Baroque architecture as for the quality of its wines, sheltered hundreds of English, Belgian, French and Polish combatants who had escaped from prisons in Nazi Germany or countries occupied by them. From the Alentejo, they continued their journey to Lisbon , and from there to England , where they joined the Allied Forces. The man who pulled the strings of these operations was Martin's uncle, Victor Hunter Reynolds , an Englishman born in Lisbon and administrator of the Quinta.

Victor was a descendent of Thomas Reynolds , an English merchant who arrived in Portugal in the eighteen twenties, drawn to Oporto by the wine trade. Some years later, the Reynolds business interests expanded to include cork, and they acquired extensive cork forests in the Alentejo and in southern Spain . The family never severed its links with its country of origin, but it put down deep roots among us Portuguese.

Some of its members married into Portuguese families with money and influence. This was what Rafael - one of Thomas Reynolds ' grandchildren - did on marrying Cristina Andrade Bastos, grand-daughter of the banker António José d'Andrade. Four daughters and four sons were born of this marriage, amongst whom was Victor, born in Lisbon on 10th December 1901 .

Keeping a family of eight children was not easy, even with a reasonable income. Rafael, Cristina and their numerous family left for England in search of easier living conditions. They settled in Hastings , in Sussex , where the boys attended University School . Victor did not adapt well to the iron discipline of the school; he left at the age of 15, setting his sights on an army career. He was an enthusiastic horseman, a great admirer of Wellington , and he dreamt of joining a Cavalry Regiment. However, in 1917 his hopes were dashed when the family returned to Lisbon .

On arriving in Portugal , Victor and his brother George went to work with an uncle, John Reynolds , who administered the family estates. Under their uncle's guidance, they familiarised themselves with the Alentejo and Spanish Extremadura, learning the management of the farms. Those who knew Victor then agree that he adapted without difficulty to life in the 'montes' of the Alentejo. The Portuguese which he spoke with an English accent did not present an obstacle to his good relationship with the rural labourers on the farms and in the cork forests. This good understanding was an advantage when, on the death of his Uncle John, he took over the management of the Quinta do Carmo, which belonged to John's widow, his maternal aunt Isabel Bastos Reynolds , and of other properties which formed part of the vast family estates. Outside his work, Victor lived the life of a well-off young man of the swinging Twenties, travelling around Europe, taking trips on the river Tagus in the 'Greylag', a small family launch, riding, shooting, fishing, and 'flirting' here and there with pretty women.

The Spanish Civil War between 1936 and 1939 provided Victor's first real experience of life. The bombardment of the neighbouring town of Badajoz by Franco's airforce in August 1936, and the slaughter which ensued, made a deep impression on him. The frontier was only a short distance from his estates, and as an Anglo-Portuguese, Victor could not ignore the thousands of Spanish refugees who crossed the frontier in search of safety. In common with many Portuguese, Reynolds lent a hand to the Republican refugees escaping Franco's troops, hiding them temporarily on his estates. Many years later Roderick Reynolds , another of his nephews, discovered a living proof of Victor's humanitarian aid, in Naucalpan de Juárez, an industrial suburb of Mexico City . "To my surprise, I met a Mexican who spoke rusty Portuguese. He was of Spanish origin, once a refugee from the Spanish Civil War, who had passed through Aravia, one of our estates in Casa Branca, near Sousel, when he was a child. He remembered my uncle well."

The same year which saw the fighting in Spain stop saw the beginning of another conflict. The Second World War began. Victor volunteered to fight in the British Army, but he was asked by the British authorities to stay where he was. "When they realised that my uncle spoke good Portuguese, that he lived near the Spanish frontier and that he had an excellent knowledge of the terrain, they reminded him that there were other ways of helping England than on the field of battle. Victor soon understood the full meaning of those words," says Roderick. The British diplomats in Lisbon , who were very friendly with the Reynolds , were able to confirm the family's patriotism. At the shooting parties at the Quinta do Carmo and on other estates, there were always visitors from the British Embassy, from the Ambassador, Ronald Campbell, to the Military Attaché Jack Beevor, who was the representative in Portugal of the famous SOE (Special Operations Executive), an organization specialising in guerrilla activity and sabotage. Victor Reynolds became the right man in the right place at the right time, an agent to whom the British Secret Service could confide the delicate mission of welcoming and passing on to Lisbon escaped prisoners of war fleeing from enemy camps, RAF pilots who had been shot down, and undercover agents.

In some worn and dusty notebooks, amongst various entries of employees' salaries and farm accounts, Victor Reynolds noted the names of some of the refugees he had looked after: Lieutenants Rzepka and Osser, Thade, Korek, Stefan Ember, Pierre Heusch, Jerzy Lipinski, Jacob Redlich.

In order to help Allied prisoners escaping from Germany , British Intelligence created a special organization: the MI9, supported by the anti-Nazi resistance movements and by networks of highly-paid smugglers. "Both the British and Germans used the services of the smuggling organizations which existed throughout Europe ," observed the historian António José Telo. "The British Secret Service controlled most of these networks, and perfected them to a high level, but they had to spend rivers of money to do so." This explains how many fugitives managed to cross the Pyrenees and Franco's Spain and to reach Lisbon , the gateway to England and other allied territories.

From Victor Reynolds ' correspondence we learn that one of his first tasks was to prepare a welcome for fifteen hundred English nationals coming from Occupied France at the end of 1940. They never arrived, but Reynolds carried out his orders.

Refugees from Germany and occupied countries needed a visa, issued by the Portuguese Consulate in those countries, in order to legally enter Portugal , and a transit visa to cross Spain . In the first years of the war, with the scales weighted in Hitler's favour, Salazar made entry into Portugal difficult for the enemies of the Axis. Without the authorisation of the Ministry of Foreign Affairs, Consuls could not issue visas to Poles, Russians, Jews, Czechs or stateless people, nor to Dutch, French and Belgians of military age. Of course, this limitation could be got round by the issue of forged documents, and many refugees travelled with these. In the absence of any papers whatever, the only solution was to enter Portugal clandestinely.

British Intelligence foresaw that the largest number of refugees would cross the frontier at Marvão, because it was the nearest to Madrid . To help them onwards to Lisbon , a reception centre was set up there, but Reynolds suggested that a second centre should be set up at the Elvas frontier. As well as accommodation being easier to find, and the trains more punctual, Reynolds counted on the assistance of smugglers in the area, and the goodwill of the border police. According to Martin Reynolds , his nephew, "to make it easier for escaping prisoners to cross the Elvas frontier, my uncle ensured the tacit cooperation of the frontier police with gifts of game, whisky and other things."

The British Embassy made sure that Reynolds had the necessary means to carry out his missions. " England 'rented' one of my uncle's cars for the whole of the war," said Roderick jokingly. The car, a Chevrolet which ran on producer gas so as to be able to travel without the strict limits imposed by the scarcity of petrol, was driven by Avelino de Jesus, Victor Reynolds ' chauffeur and companion on innumerable exploits. The boss and the employee were like brothers: "Through many years of working together, they became very alike in their sense of humour, their passion for shooting and for an open-air life.

They were even physically similar, with the same features and the same way of walking," remembers Teodora Rocha, Avelino's widow.

Crossing the frontier overland was not always possible, and refugees often had to cross one of the rivers along the frontier, the Caia or the Guadiana . "Crossing the Caia was achieved in a small flat-bottomed rowing boat, which my uncle kept at the Serra e Horta farm near Elvas," says Roderick. From there the escapers were taken to the Quinta do Carmo, or to the 'monte' of Aravia, where the locals looked after them. "Avelino would arrive at one of these farms with three or four people, and announce that Mr. Victor wanted them looked after. And they were. If necessary, a pig or a chicken would be killed to feed them."

On some occasions, it became necessary to go to Spain to collect "parcels". Tempted by Victor Reynolds ' presents, the police of the neighbouring country became as cooperative as their Portuguese counterparts. "Sometimes the Spanish guards would telephone my uncle to advise him that they had captured an Englishman." Reynolds would arrive and tell the commander of the frontier post "here's a kilo of coffee for you, and leave the Englishman to me."

At a given stage, the fugitives were summoned to Lisbon . If they had the correct papers, they could travel by train. If not, they had to travel discreetly in the Chevrolet or in the cars of diplomats who frequently visited the Quinta do Carmo. The British Embassy undertook the rest. "Some were flown to England or Gibraltar , others were put on yachts or sailing barges which, by a happy coincidence, happened to go alongside a ship that was about to weigh anchor. The maritime police contributed greatly to these escapes," says Roderick.

Reynolds ' work benefitted not only Englishmen but also Belgians, Poles and Frenchmen. It is estimated that over sixty Belgian military personnel were received at Quinta do Carmo between February and June 1941. In a letter dated 1979, Marc Jottard, former Belgian Consul in Barcelona , recalls that after the invasion of his country in May 1940 "Belgian patriots of all classes arrived in the Catalan capital after having secretly crossed the Pyrenees ." Thanks to Reynolds , many Belgian military personel - airmen, high-ranking officers and young volunteers - "were discreetly sent to Lisbon , thus avoiding the risk of being returned to Spain ."

Max Polchet, an agent involved in the planning of escapes, points out that the Anglo-Portuguese Reynolds "spent large sums of money among the many smugglers of the Elvas frontier region, before finding a reliable and capable individual to serve as a transit officer." One of those who owed his freedom to Victor Reynolds was General Roger Dewandre, then a young cadet at the Royal Military Academy . Dewandre was rescued by Reynolds , together with five companions, after a difficult stage between Badajoz and the Portuguese frontier. "Without money, frozen stiff and starving, we risked being arrested by the Portuguese police." But Reynolds gave them food, accommodation and transport to Lisbon . Without this help, Dewandre admitted "our chances of getting to Great Britain would have been very remote."

Belgium recognized these services and made Reynolds a Chevalier of the Order of Leopold II in 1954. The Belgian network of support to escaping prisoners "was headed by Father Victor de Moutier" stated Martin Reynolds . "The English Victor, who was a fervent Anglican and who professed to be hostile to the 'papists', was very surprised when he discovered that de Moutier was a Catholic priest." This surprise quickly gave way to a mutual affection. "A great friendship and respect developed between them", which stood the test of time. At the end of the war, Father de Moutier was "invited by my uncle to visit him, and to spend his holidays at the Quinta do Caçador."

The officer who became best familiar with Reynolds ' hospitality was a Pole, Potoski by name. Roderick tells the story: "In the 60s, when I was an RAF pilot, I gave instruction to a Polish airman who, on hearing my name, asked whether I was a relation of Victor Reynolds . When I said yes, he told me that he had been sheltered nine times in various homes of the family. He knew the Quinta do Carmo, Aravia, Mouchão and Troca-Leite well." Potoski's case was one of the more surprising of the Second World War. "Shot down 12 times by the Nazis, he always managed to escape.

At his base, the conviction that Potoski would return was so strong that a place was always kept for him in the Mess," says Roderick. Grateful for these and other rescues, the Polish Government distinguished Victor Reynolds with the medal of the Order of Free Poland .

Help for the Allies took various forms. Reynolds sent food, tobacco and other items to English prisoners in Germany through the British Prisoners of War Parcels Fund, or through Carioca, a well-known grocer's shop in Lisbon . The proof of this is some postcards sent by prisoners of war from Stammlager 111A, Stalag XB, Marlag und Milag Nord. Close-written messages in pencil, to fit into the small space allowed on the postcard, brought news and thanks from soldiers.

British propaganda in the Alto Alentejo was another front on which he carried on the struggle. Reynolds coordinated propaganda agents spread through towns and villages of the region and tried to win over to his cause influential people in the region. "I take the liberty … of sending … some pamphlets, maps, photographs and other forms of literature which spread the truth about England ," reads a letter sent to a Lieutenant-Colonel in Elvas. He would supply his contacts with books, magazines, Union Jacks, RAF badges, framed photographs of the royal family and of the Prime Minister, Churchill, asking that they should be distributed in cafés, recreation centres, clubs, fire stations and parish halls.

A few months before the end of the war, Victor Reynolds married Natalie Cooper, who was working for the British Embassy. In the hour of triumph, England was confronted by its Portuguese agents. Showers of letters reached the Reynolds household requesting jobs and other compensation for services rendered. "At a time when it was dangerous to be an Anglophile in Portugal , there were a good handful of patriots who remained true to their convictions," writes an agent in Marvão by the name of Jeremias Dias, who was imprisoned for 96 days on the orders of the PVDE (Secret Police). Jeremias lamented that up to that date nobody had contacted him to repay his expenses. Reynolds repaid many such people out of his own pocket, others he referred to representatives of the Allied nations. But the diplomats serving at the beginning of the war had been replaced by people who knew little of Victor's valuable services. Even Avelino had reason to complain. "The British who frequented Mr. Victor's house promised my husband many things: money, a good gun, and even a house in Estremoz … but in the end he received nothing," complained Teodora Rocha.

Up to his death in 1985 Victor Reynolds continued the life of a 'gentleman farmer', distancing himself from the semi-feudal practices of certain Alentejo landowners. "He fully understood the hard life of many of his employees, and was responsible for many acts of generosity," recalls Martin. "I remember when a married couple he employed had twin boys, he gave them a milking cow to help with the feeding of the infants. His reputation as a good man and a just employer turned to his advantage during the Agrarian Reform. His properties were not occupied, although he had certain difficulties, as might be expected."

Reynolds ' popularity manifested itself in unexpected places. "When he first went to Africa , his plane landed at Accra in Ghana ," related Roderick. "My uncle alighted from the plane, and soon realized he was being followed by someone in Arab dress. This person approached and asked: "Excuse me, aren't you Mr. Victor? I'm the son of António Branco, the garage man in Estremoz, and I am a TAP mechanic."

Although an Anglican, Reynolds got on well with 'papists'. One evening, he chanced to run over a sheep. After compensating the shepherd, Victor went to the Convent in Estremoz to give the animal to the nuns. He knocked on the door and from within came a voice: "Who's there?" "It's the Devil." he replied. "Oh, Mr. Victor, come in!"

Translation of an article written by ALBERTO FRANCO and published in the "PÚBLICO" 1 Feb 2004

 

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